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Suenan las obligaciones,
despiertan las cortas noches,
intermitentes sonidos que desvelan,
promesa de amanecer, que aún no llega.

Movimientos lentos, todavía cansados,
las canillas giran ruidosas,
Agua caliente que busca cuerpo,
antes de seguir su rumbo.

El tiempo y los titulares,
breve informe ganadero.
Se escucha desde lejos anunciar
al despertador devenido en AM.

Camisa celeste, Pantalón oscuro.
Maletín cargado de exigencias.
Será largo el viaje y dolorosa la ausencia.
Será más extensa la generosidad.

Sigilosa pava,
Espumoso mate;
Palabras de madrugada,
Cimientos de Familia.

¡maldito reloj!
nos diste todo,
te llevaste tanto.
Quisiera gritarte,
y decirte aún más.
Dejar salir algún reproche,
algún vacío por llenar.

Pero quizás sea mejor callar,
y guardarte conmigo
en este profundo silencio...
porque se está haciendo tarde
y papá tiene que descansar.

¿Quién hace algo por mí?


Solemos mirar a la política desde lejos. Casi como algo extraño, ajeno.
A veces nos acercamos a través de los medios, para informarnos o algo parecido, y enseguida nos disgustamos. El rechazo es tan marcado, que en poco tiempo volvemos a la apatía y a esa funesta sensación de que nada se puede cambiar.
Muy escasas ocasiones son las que decidimos interactuar, participar, comprometernos, hacer algo. Una de esas fue el jueves pasado.

Después de años de paciencia y precariedad laboral, cientos de personas decidieron ir a la plaza de la legislatura para mejorar su calidad de vida. Para exigir a quienes nos representan que el Estado regularice la situación de más de 3000 santafesinos.
Desde el punto de vista laboral, gremial, pero sobretodo ciudadano, ha sido una verdadera lección cívica: Poner el cuerpo. Estar en el lugar de los hechos. Conocer las problemáticas que nos involucran. Manifestar solidaridad con el compañero.

¿No son éstas acaso las fuerzas que correlacionan la vida democrática?¿Cuándo fue que creímos que lo único que ésta nos exigía era votar cada dos años?

¿Y si en vez de quejarnos tanto, nos comprometiésemos con alguna causa?
¿Y si en vez de bufar cíclicamente nos pusiéramos de acuerdo en algunos puntos básicos?
Si encontrásemos algo que cambiar en el barrio, en el club, en el partido, que por chiquito que fuera, esté a nuestro alcance, ¿no valdría la pena?
¿O será mejor que papá y mamá nos resuelvan los problemas, mientras seguimos pataleando infantilmente?

Yo le preguntaría a los que estuvieron en la plaza, soportando diez horas de sol, y el mes que viene van a tener un recibo de sueldo.

La casa está blanca


Desde que Pep Guardiola tomó los riendas del Barsa, allá por 2008, acaparó los flashes del fútbol mundial. Su estilo de juego consiguió poner en las sombras, por más de media década, a su eterno rival. Más allá de los resultados obtenidos, el conjunto catalán era elogiado por las formas en que los buscaba y encontraba, mientras que el Real Madrid corría siempre desde atrás. Pero todo ciclo termina, y al parecer los roles se empezaron a invertir en la pasada temporada.

José Mourinho comandó al conjunto madridista durante esos años de ocaso, y además de ser el conductor técnico del equipo, sabía como concentrar la atención de periodistas y rivales, lo cual lo colocaba en un permanente rol protagónico. Y es aquí donde comenzaron a notarse los cambios de esta nueva era. Comienzo de temporada 13-14. Cambio en el banquillo del Real. Salió Mou. Entró Carlo Ancelotti, desconocido para muchos. Técnico italiano, de español pobre y perfil bajo que logró poner a los jugadores sobre el entrenador; al equipo sobre las individualidades. En las conferencias de prensa se escuchó más de fútbol y menos de conventillo.

Cristiano Ronaldo es el centro del segundo y gran cambio futbolístico. No porque él haya cambiado sus gestos técnicos o su forma de juego. Lo que mutó fue el entorno que lo rodea: los espacios y las características de sus compañeros. El Real decidió dejar atrás un estilo verticalista para dar lugar a la posesión y a la rotación desreferenciada en la zona de medios. Para ello necesitó pensar distinto a la hora de fichar y ceder. Dejó ir quizás al jugador más desequilibrante de la pasada temporada. Ángel Di María. Se reforzó, en cambio, con dos jugadores que por sus características podrían haber sido contratados por Barcelona: Toni Kross y James Rodriguez.
Estas incorporaciones dieron lugar al armado de una línea de volantes en la cual todos pueden ser internos. Son también ejemplo Isco y Modric. Gareth Bale ha quedado relegado a los segundos tiempos. Por lo cual, el frente de ataque es ahora más amplio. Cuenta sólo con dos delanteros de referencia (generalmente Benzemá y CR7). Ambos pueden moverse hacia los laterales, intercambiar posiciones, jugar como -falsos- extremos. Cuando los extremos eran verdaderos -Di María, Bale- el portugués se veía condicionado a jugar sólo como un potente centrodelantero. Hoy tiene 30 metros más de la cancha, en los cuales puede hacer pesar su velocidad.

Le ha costado doce años de espera al Madrid llegar a la décima orejona. Las sensaciones indican que la siguiente no está tan lejos. A menos que se topen con un viejo y conocido enemigo, ahora mentor del Bayer Munich.

Los extremos de comunicación


Desde hace un tiempo, no tan lejano, buena parte de los medios de comunicación han dejado de ser medios.
Son más bien extremos.

En una situación ideal, los medios deberían reflejar hechos de cierta trascendencia para una mayoría, que en general no está presente en el lugar donde éstos ocurren. Es decir, no hay forma de tomar conocimiento de acontecimientos que no se presencian, sino a través de los medios de comunicación. Un acto de gobierno, un evento deportivo, son ejemplo de noticias que necesitan un canal para ser difundidas. Los medios, así, reflejan de alguna forma sucesos que pertenecen a la realidad.

Ocurre que, en el último tiempo, no ha sido el único rol de los mismos. Además de transmitir, se han corrido de la mitad del puente suceso-individuo, para acercarse al extremo generador de la noticia. Una suerte de integración hacia atrás en el mercado de la comunicación. Al igual que las grandes cadenas de supermercados comienza a producir alimentos (Walmart,Makro) porque se dan cuenta que ya concentran el poder necesario de mercado, los grandes medios de comunicación han comenzado a producir noticias. A crearlas. Esto no supone necesariamente una ficción. Puede tomarse un hecho objetivo de la realidad e interpretarlo, sesgarlo y adjetivarlo hasta convertirlo en noticia.

Ahora bien, ¿cuál es el objetivo de tal producción?¿Con qué intereses se gestan estas nuevas realidades?
En principio, se pueden identificar dos.

El primero es el lucro. Un objetivo económico. Se toma entonces un hecho de la realidad, se lo presenta, explica y narra para obtener un rédito o maximizarlo.
Esto es completamente visible en el mundo del periodismo deportivo. Un equipo gana dos partidos, y se habla de 'la máquina de River'; un equipo pierde dos partidos y se habla de 'la minicrisis que atraviesa'. Se parte de un resultado deportivo menor, y se buscan los términos para generar en el receptor las emociones que profundicen el interés por la temática en cuestión. En este sentido, la noticia será más consumida -y por lo tanto más redituable- en cuanto produzca sentimientos fuertes, ya sean a favor en contra de las mismas.
¿Cuántas personas menos tendrían interés una nota que titulase 'Boca 1 - Central 1' respecto a 'Empate con sabor a nada en la Bombonera'?

Se pretende una respuesta emocional desde consumidor hacia la noticia, nutriéndola de contenido económico, y poniendo en funcionamiento un círculo que retroalimente la máquina de producir noticias.
Desde el punto de vista de los que convierten realidad en función de utilidad, cuantas más noticias se puedan producir, más posibilidades de rédito existirán. Si se presentan la información como algo tibio y corriente  no se puede pretender que alcancen el impacto para hacer girar esta rueda. Por lo cual la misma se encuentra acompañada siempre con un adjetivo: 'Extraño caso policial','Audaz Robo', 'Desopilante Crimen'. De esta manera, se construye una idea necesaria para el consumo. La idea de anormalidad de la noticia. De suceso fuera de lo común.

Tal fin puede ser muy cuestionado en tanto sesga, interpreta, condiciona la información, pero debe entenderse como objetivo per se de toda organización con fines lucrativos. El empleo de todas las herramientas legales para explotar las utilidades. El contenido económico de la noticia.

El segundo interés es más peligroso. Se puede pensar como la intención de generar consenso alrededor de una idea, que parte directa o indirectamente desde la noticia. Es decir, su contenido político. Se pretende instalar una visión hacia una temática que puede ser coyuntural o estructural. Aquí basta recorrer la portada de cualquier periódico de nuestro país, y resultará sencillo encontrar hechos, que según su narración buscarán generar acuerdo en uno u otro sentido.

Tomemos por ejemplo un caso internacional:
Noticia día 1: 'Miles de católicos mueren asesinados por el Islam'
Noticia día 2: 'El terrorismo islámico decapita periodistas en medio oriente'
Noticia día 3: 'Niña de 7 años se suma al grupo de las yihaditas'.

La noticia del día 4 ya se ve venir: 'Un grupo de paises de Occidente, encabezado por Estados Unidos atacará al estado islámico'.
Las tres primeras noticias cobran sentido entonces. Fueron utilizadas para acordar sobre una idea, para generar otra noticia. ¿Significa entonces que por esto no son ciertas?¿Significa que todo es una gran ficción?
Claramente no. Los crímenes existen, también los horrores. Y quizás son aún más brutales que los que se muestra. Pero, ¿por qué se pone el acento, toda fuerza mediática en ese rincón del mundo si hay tantas torturas en nuestras sociedades, tantas injusticias, tantos arrebatos de derechos elementales? La respuesta está en el contenido político de la noticia. En la reacción que se pretende generar.

En suma, el periodismo, en su concepción posmoderna, apela a los recursos emocionales para impactar con el contenido de una noticia, generar su consumo y el consentimiento sobre el mensaje que ésta intenta transmitir.

Miedos y medios

En 2001, el Antrax fue el miedo mundial.
En 2005, la gripe aviar.
En 2009, la gripe A.
En estos días, el temor por el Ébola se mete en cada rincón del planeta.
Parece que dos veces por década, los laboratorios y los medios de comunicación acuerdan en alertarnos sobre enfermedades y pandemias con cifras que la misma Organización Mundial de la Salud desacredita.
¿No basta con las pestes con las que el mundo ya convive?
¿No alcanza con los cientos de miles que mueren por año a causa del hambre y las tuberculosis? Males, para los que ya existe cura.
El temor nos hace conservadores, y propensos a consumir las soluciones que en poco tiempo, nos estarán ofreciendo los mismos que nos venden el problema.

El Diego de la gente














Se puede discutir que pare el equipo diez metros más atrás o más adelante. Se puede objetar la intensidad con la que vive cada uno de los partidos, siempre al filo del reglamento. Se pueden valorar sus declaraciones cuando Colón se iba a la B, y se comprometió con el momento político del club.
Pero hay algo estadísticamente objetivo. Algo que resume la campaña de Osella en Colón: Sus resultados.
En primera consiguió 30 puntos en 20 partidos. Un 50% del total, sacando jugo de las piedras, con un equipo devastado que no pudo reforzarse.
En la Copa Argentina, obtuvo 4 puntos de 6, jugando nada menos que contra Lanús y River, equipos que hoy están peleando el torneo de primera.
Y finalmente, en el Nacional B, donde más se lo ha criticado, logró 15 puntos de 27 (más del 55%), donde la mayoría de los que entran a la cancha siguen siendo jugadores surgidos de las inferiores.
En resumen, estamos hablando del técnico en Colón con más porcentaje de puntos en los últimos veinte años, después de Osvaldo Piazza.

Los Héroes de Mi Infancia


"Cantame, cantame Walter, cantame un gol" ya no se oía en mi radio. El fútbol no era televisación y las canchas no estaban vacías de público y llenas de publicidad. Las pantallas gigantes no silenciaban a los hinchas que horas antes del partido hacían notar su presencia incondicional. Las banderas gigantes eran color y no miedo. "El lechuga" llevaba su loro a Lanús, mientras la costanera y el boulevard eran una sola bocina ensordecedora.

Era mi infancia, tan cercana en tiempo, como distante en realidad.

Mi viejo me hizo sabalero, y aunque de a ratos me las ingenio, creo no podré devolverle tan inmenso favor. Él también lo heredó del abuelo, que aunque se pronunciaba siempre tatengue, atesoraba desde La criolla su corazón rojo y negro.

No íbamos a la cancha. Colón era una utopía, solo alcanzable por el receptor que, a fuerza de narración y poesía, me llevaban al centenario, aunque yo estuviera en casa.

La previa, los juegos y las notas hacían que cada partido dure mucho más que noventa minutos.

Y Colón no salió campeón. Pero yo sí. Aquella siesta en que me coroné fue y será inolvidable. La historia comenzó un jueves telefónicamente y la excusa era ofrecer algo para Deportes. Un productor y Gustavo hablaron conmigo. Me dijeron que podía ser y sin nada a cambio. Ya el domingo en la universidad, Mazzi y Bergessio me invitaron a subir al auto y charlando de fútbol llegamos al cementerio de los elefantes. Pasamos la mesa de prensa con instrucciones astutas de Fabián y en unos minutos estábamos ahí. Era yo el invitado a la cabina de transmisión, casa de los narradores, donde sus voces me regalaron aquel Colón 5 – Talleres 1.

Y ambicioso como hincha del fútbol, fui por más unos meses después. Y logré el bicampeonato en Colón 3 – Quilmes 3. Quedará solo como un detalle que aquel domingo el cervecero remontó el partido con dos tipos menos. Recuerdo que al volver de la cancha, Fabián me hablaba de Raviolo, el oficio de periodista, sus alegrías y sinsabores.



Aunque ellos no lo sepan, son los héroes de mi infancia.

Hoy con algunos años más, cada fin de semana, dos horas antes que la pelota empiece a rodar, el dial marca el 1020, y ya no puedo desprenderme del receptor. Voy preparando el mate porque viene lo mejor. Mis oídos tienen sed de gloria, mi mente vuela y mi corazón se divide en rojo y negro esperando ese grito. Porque

Cuando Fabián Mazzi grita gol es una locura el fútbol...