Dudas















¿Adónde van los mosquitos en junio?¿Adónde, el verano cada marzo?
¿Quién dibuja los pliegues del mar cansino?
¿Por qué Storni murió libre?
¿De qué colores son los recuerdos de la infancia?¿Cuántos libros leíste este mes?
¿Cuándo nos dejó de doler un tipo que duerme en la calle tapado de cartones?
¿Cómo puede ser Senador Carlos Menem?
¿Hay mayor placer que darse una larga ducha de agua caliente?
¿Por qué no siento tu perfume en mi remera?
¿Es el pasado un lugar inmutable o sus interpretaciones se mueven según las necesidades de cada presente?
¿Se escucharán los gritos de tu cuerpo cuando mis manos ya no los provoquen?
¿Es más real este mundo que el mundo de los sueños?¿En cuál te deseo más?

Aprendizajes












Descubrimos
que los viejos hacen largas colas todos los meses, para cobrar su flaca jubilación;
que tres de cada cuatro cobran la mínima,
que no usan las tarjetas
y que no tienen quién les dé una mano.

Destapamos
a las cárceles superpobladas, siempre del mismo estrato social, que les promete exclusión eterna;
a un sistema judicial que encarcela a  más de la mitad de los sospechosos,
aunque no tengan todavía condena.

Notamos
que los pobres viven hacinados, rodeados de su pobreza;
y que pagarán como siempre los mayores costos,
sanitarios y económicos.

Supimos
que entre los males, hay quienes siempre guardan
un poco más de codicia
para cuando la situación apremia.

Realzamos
toda forma de cultura, para llenar tanto vacío;
a los libros y a las ficciones, para evadir tanta realidad.

Reconocimos
que Estado se escribe con mayúscula,
que hacia adelante no se camina sólo,
y que el cuerpo es definitivamente político.

¿Cuánto tiempo nos llevará desaprenderlo?

Culpables




Ni el azúcar que nace oscuro,
ni el chancho que siempre comió las sobras
ni el opio que nunca quiso 
ser religión de los pueblos.

Ni los refugiados en sus pateras,
más abrigados de angustias que de ilusiones,
ni los pobres con su pobreza
en sus ranchos hacinados y olvidados.

Ni los obreros, de sus salarios adelgazados;
ni los mendigos, de su exclusión.
Ni los cincuenta y cuatro muertos en Once
ni los rockeros de Cromañón.

Ni los judíos en Alemania,
ni los árabes en Palestina,
ni Juana, de en la hoguera,
ni Alan, de la homofobia.

Ni las polleras cortas, 
ni  los pechos descubiertos
ni el derecho al goce mutuo
que se cuela en cada texto.

Ni las caricias clandestinas
empujadas por el viento
ni las formas de amor libre
que florecen en septiembre.

Ni tus ojos, ahora esquivos,
ni tu culpa en movimiento
ni el carmesí de tu boca 

que ya no se me despinta en mi del cuello.

A veces, la luna





















A veces, la luna
juega a pintarme la cara,
a ensuciarme en colores,
los pliegues que se resisten a ser arrugas,
con crayones desgastados.

A veces, la luna
mengua con acuarelas sus tardes,
me invita a bailar de a dos
y yo, que poco sé de las danzas
no me resisto a convidarle  mis manos;

A veces, la luna
se llena de fuerza femenina,
me hace un lugar en sus sábanas,
acaricia mis senderos,
tornasola mis seguridades,
y ya no puedo pedirle que se vaya.

A veces, la luna
crece desde los silencios,
me lee un cuento de Borges
que ansío poder terminar,
antes de caer en otro sueño.

A veces, la luna
desaparece nómade, ausente,
y yo viajo, lejos,
sólo para encontrarla dentro mío.

Ci sarà domani



Passeggero sarà questo tempo,
una parentesi tra due incontri,
Stantio, così tanta aria,
cambierà il suo colore teso.

Il sole ci colpirà in faccia,
e gli sguardi quarantenati,
si ridurranno in lacrime.

Riconoscerò il tuo tatto impaziente,
come qualcuno che non ha altro senso.
Il caffè e la pelle si scioglieranno di nuovo,
e per un po ' mi disseteranno .

Accovacciati, i tuoi baci,
mi aspetteranno nell'infanzia dell'autunno.
E sorrideremo sciatti,
con quel leggero rictus
che conferiscono solo
le precise proporzioni
di amore e piacere.

Dios Ameo



Siempre creí en Dios. Desde niño, naturalmente por imposición cultural y mandato. Dios representaba todo eso que no tenía explicación, una promesa de futuro feliz y eterno, los fundamentos para hacer el bien bajo su mirada examinadora y punitiva.

Las instituciones han hecho todo lo posible por alejar de la fe a las estratos sociales medios, a través de una espiritualidad escueta y sumisa, diseñada para otros tiempos. Y a pesar de todo sigo empecinado, tozudo, estoico. La culpa, el pecado, el machismo y la verticalidad eclesiástica sostienen, desde hace décadas, concepciones conservadoras en un contexto que pretende avanzar, discutir, ampliar e integrar.

Sin embargo, permanezco. Creo en Dios, con lo difícil y arriesgado de creer en algo. Creo en Dios y en los valores que se supone eso implica. Creo en un Dios que sintetice la totalidad de la especie; un Dios más colectivo que individual,  más terrenal que celestial; un Dios humanizado -¿quizás Jesús?-; un Dios que tema, se angustie y dude. Un Dios que sea sinónimo de libertad, donde el único dogma sea amar sin restricciones. Un Dios que no sea causa-juez de la moral, sino su consecuencia y testigo.

Un Dios padre, madre, hermano, hija, amigo, pareja, amante;
desjerarquizado y compañero;
para que los panes y peces se sigan multiplicando.


Coronavirus y la distribución de la riqueza



Para gran parte del mundo, el CoVid-19  se ha iniciado en las clases más altas de la sociedad.
Italia, el país más golpeado, tiene su epicentro en el norte más desarrollado.
Latinoamérica, completa, ha propagado su contagio a partir de quienes tienen la posibilidad de viajar a otras tierras más pudientes.
Desde hace un mes estamos en vilo tanto sanitaria como mediáticamente. Los países centrales nos suelen indicar agenda, esta vez con fundamentos marcados y ejemplos para no seguir.

Así, nos llegó la cuarentena para poner sensatez y freno anticipadamente, y evitar ser el espejo de los desbordes que todavía sufren sociedades más desarrolladas. Sin embargo, en nuestras tierras, el resultado de frenar la mayoría de las actividades es heterogéneo y puede llegar a ser crítico.
Mientras un grupo nos tenemos que preocupar por la higiene, la productividad a distancia, el ocio, y -con un poco de suerte- los cuestionamientos de un tiempo que nos sobra, otros miran el almanaque con desesperación: Empleadores que empiezan a hacer números con lápiz fino; Emprendedores sin mercado; Taxistas, con calles desiertas; Trabajadoras en negro, sin su mango semanal; Albañiles, Pintores, Plomeros que tienen que imaginar sus changas después de semana santa.

La teoría del derrame nos enseña que el capitalismo derrama riqueza desde arriba hacia abajo, aunque en la práctica, nos hemos cansado de comprobar que siempre fluye más rápido la malaria. Y en el sentido inverso.

¿Qué pasará, entonces, cuando el coronavirus llegue a los barrios populosos, donde las camas y los colchones se comparten más que los platos nutritivos?¿Qué sucederá cuándo los barrios que tienen servicios básicos deficitarios empiecen a contagiarse masivamente?¿Seguirá siendo preocupación mundial una vez que el coronavirus sea una enfermedad de pobres, y de muchísimos pobres?
¿Cómo se valorarán las muertes de los barrios humildes?¿Cómo las tratarán los medios?

Quizás hayamos tenido una primera respuesta el pasado martes, cuando en motines carcelarios -con fuertes argumentos sanitarios- murieron cinco presos en Santa Fe. Cinco! Por esas horas, los muertos en hospitales por la pandemia todavía no alcanzaban esa cifra. Sin embargo, nadie hizo hincapié en el dato y menos en considerarlos las primeras víctimas indirectas de un mal que nos aquejará largo rato.

Quizás, desde siempre, como planteaba Foucault, las cárceles sean también una forma de segmentación social.