El fútbol, la patria y otras mentiras que amamos

 Hace unos días, nuestra Selección de Fútbol jugó contra Chile en un partido de la Copa América. Como cada vez que nos enfrentamos, se escuchó desde las tribunas argentinas el cántico que reza 'El que no salta es un inglés'. Los archivos oficiales revelados apenas unos años atrás indican que, como mínimo hubo un apoyo logístico desde el país trasandino para el despliegue de las tropas británicas en 1982.

Por entonces, en Chile gobernaba Pinochet, quien llevó adelante la dictadura más extensa de sudamérica por casi diecisiete años, durando hasta 1990. En nuestro país, el gobierno militar en decadencia con Galtieri como cabeza nos llevó irracionalmente a esa aventura imposible.

Desde entonces suponemos que tenemos un país traidor a nuestro oeste porque los gobiernos de aquel momento, autoritarios y alineados en una política internacional extranjerizadora, priorizaron sus poderes locales y tomaron posiciones enfrentadas en un conflicto que implicaba a la principal potencia de la OTAN.

Cada vez que jugamos contra Chile se lo cantamos con énfasis. Como si tanto ellos como nosotros no sufriésemos aún las consecuencias de un modelo que todavía nos condena al sudesarrollo. Como si el público presente en un estadio hubiese tenido voz y voto en los tiempos más oscuros de ambos países. Como si los jugadores al gritar un gol, y hacernos sentir parte de una misma causa -¿es eso la patria?- nos devolvieran un poco de eso que nos fue birlado. Como si nuestros futbolistas no brillasen en la Premier League, y todos no coincidiéramos que allí se juega el mejor football del mundo. Como si no estuvieramos en una Copa América que se juega cada vez más frecuentemente en Estados Unidos -socio histórico inglés, y planificador de las póliticas de la segunda mitad siglo para toda América Latina-. 

A veces un cántico deportivo puede sonar divertido, inofensivo. Hasta que se sistematiza, se vuelve grito de guerra, y anula cualquier discusión posible. Aunque los hechos puedan admitir otras interpretaciones. O demostrar exactamente lo contrario, como por ejemplo Angola, que nunca fue colonia francesa.








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