Rítmica y constante,
como una samba,
se filtró la luz.
Y golpeó la madera.
.
La tarde se confundió con la noche
Y el sol descubrió las heridas desnudas
de un cuerpo sediento de caricias y palabras.
.
Reverberaron,
acompasados,
el trinar y los gemidos.
.
No había más que dos desconocidos
y sus almas destinadas al encuentro

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